martes, 5 de febrero de 2013

MI TERCER CUENTO



                                                  MARCUS

 Había una vez un chico de veintiséis años llamado Marcos. Era un navegante aventurero, surcaba los mares con su barco a la procura de ser el descubridor de alguna isla.
 Un día se adentró en el pacífico desde Estados Unidos, en seis días llegó a  su destino, la cuenca del pacífico nororiental. Y para su sorpresa, dentro de unas cinco horas, a una isla desconocida.
 
Nunca la había visto en un mapa, y empezó a pensar si sería él el descubridor. Para comprobarlo, marchó en su barco en busca de otras islas habitadas para comunicárselo a sus habitantes.
 
 Al cabo de cinco horas aproximadamente, llegó a la isla Wake, con su ciudad costera tan bien puesta, si aparecida en los mapas. La primera persona a la que se acercó fue a un hombre maduro, tendría unos cuarenta años.
El hombre le dijo cortésmente:
-¿En qué le puedo ayudar, mi fiel caballero?
Y Marcos le contestó:
-Soy un navegante y he encontrado una isla a unas cinco horas de aquí que no aparece en los mapas y creo que soy su descubridor.
-A unas cinco de aquí… Yo creo que usted me está contando una mentira. Nunca mis empleados y yo visitamos una isla a esa distancia de aquí. Déjeme que le cuente: yo soy el jefe de una empresa pesquera. Y muchas veces viajamos lejos de aquí, pero a esa distancia…
-Pues si. ¿Me ayuda a comunicárselo a la gente? Dígale que dentro de una hora que esté en el puerto y explíquele todo. Se lo demostraré.
Y cada uno se fue por un lado a contárselo a la gente y, al cabo de una hora había una multitud en el puerto. Toda la gente estaba muy alborotada, y para poner orden, Marcos chilló desde el altavoz de su barco:
-¡Tranquilo todo el mundo! ¡Vamos a zarpar hacia la isla!
La gente se calló y, muerta de curiosidad, se puso en fila para subir al barco.
Cinco horas después llegaron a la isla. La gente estaba sorprendida, pues el muchacho había dicho la verdad. A todos le gustó la isla menos a un par de personas, que estaban a protestar, diciendo:
-Y para esto nos han hecho venir hasta aquí a perder toda la tarde.
-Ya mi querido vecino, es que los jóvenes de hoy en día son unos pesados y unos inconscientes.

-¿Bueno, y ahora qué? Ya se está haciendo de noche y ahora no nos da tiempo de llegar a Wake.
-Es verdad, ¿ahora que hacemos? Yo aquí no pienso dormir.
Comentaron.

Y Marcus, que los oyó, los tranquilizó diciendo:

-Tranquilos señores, aún nos da tiempo a construir una cabaña para pasar la noche. Así que pongámonos en marcha si queremos que eso se cumpla.
Al final los cuatro señores, resignados, ayudaron a los demás a construirla.
A la mañana siguiente, Marcos se levantó a las ocho en punto para pensar el nombre que le pondría a la isla.  Pero como a él solo no se le ocurría nada, fue a pedirle ayuda a sus compañeros.
Sus compañeros tampoco sabían que nombre ponerle y por eso le dijeron que le pusiera su
 nombre: Marcos.
Y gracias a eso a Marcos se le ocurrió ponerle “ Marcus”. Se lo fue a comunicar a los demás y a llevarlos a Wake. Pero él se quedó allí a vivir a lo salvaje, enfrentándose a los peligros de la naturaleza.
 
                                                                            FIN