sábado, 2 de febrero de 2013

MI PRIMER CUENTO


                                                 INJUSTICIAS                                     

                                                                                                                                                                       Hace mucho tiempo, existió una niña llamada Marta que tenía 10 años. Vivía en una casa en la que tenía que trabajar haciendo jabones para echarle una mano a su familia porque eran pobres.

 

Se pasaba el día así, haciendo jabones para llevar al mercado y ganar algo de dinero. Sus padres no le dejaban jugar, y si la pillaban con sus amigas jugando al cuadro, a la liga, a las canicas,etc., le pegaban, la insultaban y esa noche la obligaban a hacer jabón y las tareas de casa, y solo le dejaban dormir una hora en toda la santa noche, porque sino, la historia se volvía a repetir.

 

La pobre Marta, llorando y llorando en silencio, se pasaba las noches en vela diciéndose a si misma que eso no era justo, que era una niña y que tenía derecho a jugar, a dormir y no le tenían porque estar pegando continuamente. Además, eso no le ocurría a sus dos hermanos varones.

 

Así fueron pasando los años, hasta que sus padres murieron en un  accidente. Ella, triste pero a la vez alegre porque por fin pagaran todo lo que le habían hecho, siguió trabajando de vendedora de jabones para conseguir un poco más de dinero, pero los tiempos eran difíciles y el dinero que ganaba no le llegaba para conseguir un billete de barco para Francia(el sitio con el que tanto soñaba ella desde pequeña), por eso buscó otro empleo.

 

Cuando encontró uno en el que se pedían cocineros(que a ella le podía servir porque también tenía práctica), se dio cuenta de que solo pedían hombres. Ya cansada de tanto buscar y buscar, decidió que iba a gastar sus ahorros para conseguir el billete, pensando que como allá el jabón está bien valorado y que ella, con tanta experiencia en eso, podía recuperar el dinero, y, a la vez, viviría en el sitio que tanto le gustaba.

 

Así lo hizo, y cuando llegó allá, lo primero que hizo fue ponerse a estudiar su librito de francés que comprara para la ocasión. Y cuándo ya sabía comunicarse bastante bien con el francés, se puso a vender jabón, y pensó que todos ese años tan duros de su vida sirvieran de algo, pues ahora la valoraban como la gran vendedora de jabón que era.

                                                                 

                                                                   FIN