jueves, 7 de febrero de 2013

EL CUENTO MÁS LARGO QUE INVENTÉ


NI  EN  SUEÑOS

 

Yo, Rubén, siempre quise tener una serpiente, por eso siempre que vamos al zoo yo me paro una eternidad de tiempo a mirar pitones, cobras, anacondas, víboras…

 

 Los problemas son que a mamá le dan pánico las serpientes, papá le hace un caso tremendo a mamá, y para completar la desgracia, mi hermana Patricia siempre hace todo lo posible para fastidiarme.

 

La buena noticia es que a mí y a los de clase se nos ha ocurrido formar un grupo llamado ”Los domina-adultos”. Solo con ver el nombre ya os imagináis de qué va.

 

Bueno, pues lo que os quería contar es que se nos ocurrió como convencer a mis padres para que me compren la serpiente, o por lo menos que me la dejen tener en casa y me la compro yo con mis ahorros. Pero como no dio resultado, decidí decirle a los del grupo que tenemos que pensar otra cosa, y, como no, ya vino Patricia a fastidiarme diciendo:

-No sé para que os molestáis en hacer un grupo y en ayudar al imbécil de Rubén si total no váis a conseguir nada.

-¡No llames así a nuestro amigo!

-Déjala Javi, si total sólo lo hace para fastidiar.

-Pues si, una de mis aficiones es fastidiarte, ya lo sabes. Y que lo sepas, a mí no me avergüenza decirlo.

-¡Ahh! ¡Cállate y vete de aquí! Es que no te soporto.

-Jajaja. Ai,ai, ai, hermanito. Me voy ir porque aquí el insoportable eres tú, no porque me mandes, renacuajo.

 

Hoy comimos un cocido riquísimo, es que a mamá se le da de maravilla cocinar. Un día hizo para cenar unos espaguetis a la boloñesa que estaban… Los mejores que probé en mi vida.

  Después me mandaron a dormir la siesta, diciéndome:

-O vas a dormir la siesta o sino no hay serpiente.

-Pero mamá, si total no me la vas a dejar tener.

-Ahh… Quién sabe. Si te portas bien y apruebas todo a lo mejor te la dejamos tener. Pero ten en cuenta que la vas a cuidar tú y la vas a tener en una urna en el cobertizo. Y procura que yo no la vea porque sino te quedas sin ella. Venga, pasa a dormir.

-Joo… Vale, ya voy.

Una hora después nos levantamos todos de la cama menos papá, él no se levantó porque estos días está enfermo. Tiene gripe.

Por eso cuándo me levanté fui a ver qué tal estaba papá pero ya se me adelantó Patricia. Os lo cuento:

Estaba yo delante de la puerta del dormitorio de papá y mamá cuándo llegó ella y me empujó para entrar al dormitorio y hacerle la pelotilla a papá para que la deje ir a la fiesta de pijamas de su grupito. Son tres:

 Andrea, Natalia y ella. Como las tres tienen catorce años andan siempre juntas con sus tonterías de las fiestas de  pijamas y cosas por el estilo.

 Y papá le dijo que se lo pregunte a mamá, que a él le da igual. Patri se lo fue a preguntar a mamá:

-Mami, ¿puedo ir a la casa de Nati a una fiesta de pijamas? ¡Porfi, porfi!

-Si, pero sólo si hoy limpias tu habitación, la ordenas y tiras las cosas que no te hacen falta y que no usas.

-Vale, ya voy ahora.

-Venga, y dile a Rubi que te ayude.

-Con él en el medio es imposible hacer algo.

-Pues no, mejor aún. Él te puede aconsejar y ayudar. Y que no se hable más.

-Pero mamá…

-¡¡Que no se hable más!!

Y yo, que estaba escuchando detrás de la puerta, me fui corriendo a mi habitación y me encerré dentro para que Patri no me viniera a buscar.

Pero se puso a chillar y claro, yo si no le contestaba, venía mamá y me pegaba, y aún por encima, tenía que aguantar a Patricia burlándose de mí.

 Salí a fuera y le pregunté:

-¿Qué quieres? No estoy sordo, pero chillando así puede que me dejes como te acabo de decir.

-Pues mejor, porque así no andas escuchando las conversaciones de los demás a escondidas.

Yo, cuándo le escuché decir eso, me puse todo rojo y le dije:

-Contéstame. ¿Qué quieres?

-Lo sabes perfectamente. Cualquiera no lo sabe, si anda a escuchar detrás de las puertas… ¡¡¡Jajaja!!!

Y justo en ese momento llegó mamá, y claro, al escuchar esto último se puso echa una furia.

 Me mandó a limpiar los dos baños, la cocina, el salón, las cinco habitaciones, el pasillo y el balcón. En fin, toda la casa.

Yo, al escuchar esto, casi me desmayo. Pero bueno, para mi suerte no dijo nada de la serpiente. ¡Jopé! Sólo me dio tiempo a acabar de pensarlo y dijo ella:

-Ahh… Se me olvidaba una cosa, te quedaste sin serpiente.

Y yo, para no armar lío, le hice caso y me fui a limpiar.

Estoy deseando que llegue el lunes para poder trabajar en el grupo. Porque claro, ahora en casa es imposible juntarnos todos los chicos del grupo porque estoy castigado.

Ahh… No os dije quién estamos:

 Manu, Javi, Fran, Jose y yo.

 Me fui a limpiar la casa y cuándo llegó la noche estaba cansadísimo. Esto es una tortura.

¡¡¡Y aún por encima le tuve que limpiar la habitación a Patri con ella allí!!!

Ahora sólo faltaría que me mandaran hacer la cena. Y lo pensé más cuándo llegó mamá con cara de enfado.

 

Pero no, no me dijo nada, cogió la sartén nueva, sal y un paquete de salchichas. Mmm… ¡¡¡Exquisito!!!

Pero se me pasó la alegría cuándo me gritó:

-¡¿Qué haces ahí plantado como un espantapájaros?!

-Nada. Sólo estoy mirando que estás haciendo de cenar. ¿Quieres que te ayude?

Dije, para que no se enfadara aún más.

-No hace falta, pasa a ducharte. Estás todo sucio de limpiar toda la tarde. Y que sepas que estoy haciendo una cena que te encanta porque dejaste todo bien limpio y porque debes de estar cansado.


 

Me fui a duchar y cuándo acabé y fui a mi habitación para poner la bata ¡¡¡casi me mato!!!

¿Sabéis por qué? Pues porque al entrar no encendí la luz y resbalé con mi monopatín.

Jopé… No lo recogí. Pero mamá no me dijo nada así que voy ordenar algo más ahora sin que se dé cuenta. Jajaja.

 

Justo cuando acabé llamó para que fuéramos a cenar:

-¡A cenar!          

-¡Ya vamos!

 

Cuando llegué a la cocina estaban mamá y Patricia esperándome con cara de pocos amigos. Parecía que me iban a reñir.

 Y justo en ese momento dijo mamá:

-A partir de ahora o te portas bien o no te dejamos tener la serpiente hasta que seas mayor y vivas en tu propia casa, pero aquí no. Así que ponte las pilas.

-Si no la tengo ahora total la voy a tener cuándo cumpla los dieciocho años… Porque a partir del momento en que los cumpla ni tú ni nadie váis a mandar en mí. Y fíjate que para eso sólo quedan ocho años.

-De eso nada, muchacho. Dieciocho es un número. Nosotros vamos a mandar en ti hasta que te mantengas tú solito y que no te haga falta que nosotros estemos seguido dándote dinero.


Yo como vi que tiene razón, mejor me callo y le sigo la corriente. A partir de ahora voy intentar ser muy bueno, tan bueno que ya me hagan más caso a mí que a Patri y deje de ser ella la consentida.

-¿Qué piensas Rubi? ¿Tu derrota? ¡¡¡Jajaja!!!

-Patricia, por favor, no te metas con tu hermano. Pídele perdón.

-Vale, perdón.

 

Después, al acabar de cenar, mamá fue a su habitación para recogerle el plato de las salchichas a papá.

Yo y Patri nos quedamos solos en la cocina, y yo aproveché para preguntarle:

-¿Y tú cómo sabías que yo estaba escuchando detrás de la puerta?

-Pues porque te vi a través de los cristales.

-¿Y por qué siempre andas intentando fastidiarme? Yo a ti no te hago nada y vas tú a meterte en todo intentando fastidiarme. Si me cuentas la razón verdadera yo hago una cosa que tú me mandes, o lo que quieras. Pero no valen cosas malas.

-Vale, te lo voy a decir. Porque yo siempre fui la única niña de la casa hasta los cuatro años. Cuando llegaron papá y mamá y me dijeron que iba a tener un hermano, yo me quedé de piedra, me fui corriendo a mi habitación llorando, papá y mamá también se quedaron de piedra al ver que actuaba así, que no me hacía ninguna ilusión. Pero no podía hacer nada. ¿Qué iba poder hacer una niñita de cuatro años cuándo le anuncian que va tener un hermanito? Y pasé eses nueve meses que tú tardaste en nacer llorando, pensando que tu llegada me arruinaría la vida. Y el día que yo y papá tuvimos que llevar a mamá al hospital porque ibas a nacer tú, yo no podía parar de llorar. Cuándo íbamos en el coche, yo me estaba agarrando a mi manta favorita y pasándola por la cara para que no me vieran. Después papá quedó con mamá en el hospital y yo fui a dormir a casa de los primos. Y los primos y los tíos andaban seguido a decirme que tenía una suertaza, que  a ellos le molaría tener un hermano pequeño…

Y cosas por el estilo. Al día siguiente me llevaron a verte y yo lo único que deseaba era retroceder en el tiempo unos años atrás para volver a ser feliz, pero sabía que eso es imposible. Y así fueron pasando estos  años.

Esa es la razón de que yo esté seguido fastidiándote y que no te quiera como te debería querer.

 

Yo, al oír la historia de Patricia, me quedé de piedra. Y mamá también, porque estaba escuchando en el pasillo.

Cuándo entró en la cocina, le dijo a Patricia:

-Y estos nueve años los pasaste así, triste y llorando. ¿Estás diciendo la verdad?

-Si, mamá. Esa es la verdad.

-¿Y por qué no lo dijiste antes?

-¿Para qué? Total no había nada que hacer.

-Pero así lo sabíamos. Y además, podíamos hacerte razonar y vosotros dos os podíais llevar bien desde el principio. A partir de ahora quiero que os llevéis bien.

-Vale mamá.

Dijimos Patri y yo.

Después fuimos para cama y prometimos que nos llevaríamos bien. Después, cada uno fue a dormir a su habitación.


Al día siguiente no me levanté hasta la hora de comer, pues estaba muy cansado de limpiar.

 Pero cuándo me di cuenta de que Patri estaba de pie delante de mi cama esperando a que me levantara, ella me dijo:

-¡Arriba dormilón! Ya es hora de comer y me dijo mamá que viniera a tu habitación para que te levantes y te vistas y vengas a comer.

-Jová… Estoy muy cansado. Dile a mamá que me deje dormir un poquito más.

-No, tú te levantas ahora mismo para ir a comer los bistecs.

-¡¡¡Jajaja!!! Ya pareces mamá.

-¿Por qué?

-Porque ya me riñes y me insistes como si fueras mamá. ¡¡Jaja!!

 

 

Después de decir esto me vestí y fui a lavar la cara y a comer.

En la cocina me esperaban mamá y Patri. Me senté a la mesa en mi sitio de siempre. Está pegado a la pared. Aunque no me apetece dar detalles sobre la cocina,(que por cierto los días de colada está echa un auténtico desastre) os voy explicar donde están situadas las cosas:

A la izquierda, tenemos una nevera que siempre está llena de yogures y productos fríos.

Al lado se encuentran unos cajones con un mueble encima. Más a la derecha está el horno con los ornillos y con un estractor.

Al lado hay un mueble encima y otro debajo, más a la derecha de todo eso tenemos el lavavajillas con un mueble encima(donde guardamos las vajillas).

Más a la derecha está la lavadora con un mueble encima, y al lado, dos muebles más.

Enfrente tenemos algunos juguetes, la mesa de planchar y la mesa donde comemos.                  


 

¿Antes estaba contándoos que fui a comer los bistecs, no? Bueno, pues al acabar de comerlos tomé un helado de chocolate con nata. Y, como siempre, me obligaron a ir a lavarme los dientes y a dormir la siesta. Yo les hice caso porque no quería que me castigaran otra vez. A partir de ahora voy a ser bueno, muy bueno. ¿Ya os lo dijera?

Bueno, cuándo estaba preparándome para dormir la siesta vino Patri y me dijo:

-¿Puedo venir a dormir la siesta contigo?

-Claro que si. Por cierto, ¿Vas ir a la fiesta de pijamas?

-Si, marcho a las siete para la casa de Nati.

-Ahh… ¿Pero a qué hora es la fiesta?

-Cenamos a las diez en su habitación una ensalada y chocolate caliente. Y si queremos picar algo creo que me dijo Nati que hay cheetos , patatas fritas en bolsa y galletas de chocolate.

-¿Y cuándo hacéis la pelea de almohadas y todos los juegos?

-Cuando acabemos de cenar.

-¿Y sólo váis ir Andrea, Natalia y tú?

-Si. Nosotras tres lo pasamos genial juntas.

-Ahh… Pues mira que bien. Para las chicas esa fiesta de pijamas debe molar. Pero para los chicos no.

-Ya. Pero los chicos podéis hacer una guerra con los peluches y carreras de coches y cosas así, que os gustan a los chicos.

-Si. Eso si que mola.

-Vale, venga. Ahora vamos a dormir y cuándo nos levantemos ya hablamos más.

-Vale Patri.

Y nos dormimos los dos juntos.

 

Al despertar, a las cinco en punto, le ayudé a Patri a meter la ropa en su mochila. Metimos:

Un pijama de ositos, dos bragas, un sujetador, un pantalón y una camiseta. Y de aseo, su cepillo de dientes malva, pasta de dientes, colonia, su peine malva y un champú y un gel.

 

Pero mamá me llamó gritando:

-¡¡¡Rubéééén!!! ¡ Ven aquí inmediatamente!

-¿Qué quieres?

-¡Que vengas aquí!

Y yo, resignado, acudí a su llamada.

 

Al llegar a su habitación, me dijo:

-Dile a Patricia que venga aquí.

-¡Jová! ¿Por qué no la llamaste directamente a ella?

-Porque no. Te llamé a ti y punto.

Y yo fui a su habitación a decírselo. Ella protestó y me dijo:

-Dile a mamá que es una pesada y que me deje en paz.

-Díselo tú. Yo ya estoy harto de ser vuestro chico de los recados.

-Pues no le digas nada. Simplemente dejadme en paz.

-Yo a ti no te hice nada. Así que no te pongas así conmigo. ¿Por qué te enfadas?

La muy zorra no me contestó y por eso yo fui junto mamá y se lo conté.

                

Mamá, echa una furia, fue a su habitación a reñirle y se encerró dentro con ella para que yo no fuera a molestar. Siempre lo hace cuando nos riñe.

 

Un rato después papá se levantó y fue allí para interrumpir la pelea, pero mamá no le abrió la puerta. Y, claro, él empezó a gritar para que le abriera. Dijo:

-¡Abridme la puerta! Sabéis que tengo gripe y que quiero silencio y pasáis el día chillando. ¡Ya estoy harto!

Y mamá le dijo:

-¡Cállate! Yo estoy intentando solucionar un problema con la niña. Cosa que tú nunca haces.

-Perdona, pero ya sabes que estoy enfermo.

-Si estuvieras tan enfermo como dices no te pondrías a chillar.

-No me queda otro remedio. ¡Callaos ya! Yo aquí no aguanto más. Ni estando enfermo se puede tener tranquilidad. ¡Esto no puede seguir así!

-¡Si no estás contento vete! Esta casa la heredé yo de mi madre y aquí quién no estea contento se va.


 

Y papá, todo furioso, le dijo:

-¿Con eso pretendes hacerme entender que quieres que me vaya de casa? Pues si eso es lo que quieres, dímelo ya y no andes con rodeos.

-No. Yo lo que pretendo hacerte entender con eso es que esta casa es mía y aquí mando yo.

-Bueno, ¿y qué? Eso ya lo sabía desde que nos casamos y vine a vivir aquí. Pero yo tengo derecho a mandar en mis hijos. Y no pienses que porque vivamos aquí y esta casa sea tuya, yo no puedo gobernar también en mis hijos. Y para poder hablar mejor, ¿no te será más fácil abrir la puerta?

-¡No me da la gana! Y esta ya es la tercera vez que discutimos en cinco días. ¡Yo esto ya no lo aguanto más! Como discutamos una vez más, ¡te pido el divorcio!

-¡Yo no sé cómo pude casarme contigo! ¡Eres una auténtica mandona y siempre quieres que te den la razón a ti en todo!

-¡Yo seré una mandona, pero tú pasas la vida discutiendo conmigo! ¡Ya está bien! Ya estoy harta de darte oportunidades. ¡Quiero el divorcio!

-¡¿Quieres el divorcio?! ¡Pues te voy dar el divorcio!

-Pues muy bien, mañana mismo vamos al juzgado. Y esta noche te vas a dormir al sofá. ¡Que no se hable más!

Y cada uno se fue por su lado.


A la mañana siguiente, papá no estaba en casa y mamá se estaba arreglando para llevarnos a casa de los primos y para ir al juzgado. Yo y Patri pasamos el día en su casa y a la noche vino mamá a buscarnos. Para cenar ya trajo una empanada de atún.

Después de cenar nos fuimos a dormir.

Al final mamá y papá se divorciaron. Como la custodia se la dieron a mamá, con papá sólo nos toca los lunes, los miércoles y los sábados.

 

A la mañana siguiente me levanté con buen humor. No sé por qué, pues papá y mamá se acaban de separar. Ahora lo que importa es que al acabar de prepararnos para ir al cole, mamá nos dijo que estaba papá esperando por nosotros en la puerta.

Nos despedimos de ella con un beso y un abrazo y nos fuimos al coche con papá. Al llegar a la escuela tocó el timbre. ¡Menudo aburrimiento! A primera hora toca Religión, a segunda Inglés y a tercera Lengua. Pero bueno, hoy las clases no se hicieron tan largas como siempre.

Y después… ¡mi salvación! El  recreo.

 

Pero para mi mala suerte, Manu y Jose están enfermos y no pudieron venir al colegio. Y claro, el resto del grupo y yo no íbamos trabajar en el grupo sin ellos. Un rato después tocó el timbre para Educación Física y para Conocimiento del Medio. Esas dos clases como son mis favoritas se me pasaron volando.

Al final de las clases vino papá a buscarnos y nos llevó al piso de un amigo suyo a comer, a hacer los deberes y a dormir la siesta. Al acabar jugamos a la ”batalla cosquillera”(un juego que inventamos que consiste en hacerse cosquillas los unos a los otros, es divertidísima) y ganó Patri.

 

Al acabar cenamos pizza y nos fuimos a casa.

 


Al llegar nos despedimos de papá en la entrada, saludamos a mamá y nos fuimos a dormir. Y así fue pasando la semana hasta que llegó el sábado y nos fuimos de visita a una granja con papá. Ahí llega el motivo de que yo os cuente esta historia de mi vida como si fuera un diario. Veréis:

Cuando llegamos a la granja nos enseñaron todas sus instalaciones, pero después yo me alejé de Patri y de papá para ir a mirar como las vacas pastaban en la finca. Cansado de tanto andar, me senté en la hierba a observarlas.

Pero me sobresaltó un ruído como de serpiente. Yo me alegré porque se me pasó por la cabeza que igual papá venía a darme una sorpresa, a regalarme una, pero no.

Pensando en eso me dejé estar allí quieto, y cuando sentí un pinchazo super-doloroso en una pierna y vi escapar de mi lado una serpiente, ya era demasiado tarde. ¡Me había picado! Como yo leyera en un libro que si te picaba una serpiente y te movías se estendía el veneno y podías morir, empecé a chillar pero quieto, sin moverme.

La salvación de mi vida fue que había un granjero allí cerca y me oyó. Fue a avisar a Patri y a papá, y de paso, me trajo el antídoto contra el veneno de las serpientes que frecuentaban por allí y me salvó, si no, yo ahora mismo estaría muerto.

Desde eso le tengo pánico a las serpientes, como mamá.

Le debo la vida a aquel amable granjero.

 

Me llevaron al hospital a recuperarme, y dentro de un par de días volví a casa. Papá también entró y habló de su relación con mamá. Patri vino junto a mí para mi habitación, y cuándo mamá me trajo la cena, un caldito caliente, ¡nos anunciaron a Patri y a mí que volvían a estar juntos!


Cuándo yo ya estuve bien del todo, se casaron papá y mamá. Fue una boda sencilla. Sólo fuimos a la iglesia y después fuimos al Cambalache, un restaurante italiano-argentino a cenar nosotros, los abuelos y los tíos. Nadie más.

 

¡Y su luna de miel fue un viaje a Austria con nosotros! Lo pasamos de maravilla. Fuimos a esquiar a una de sus ciento ochenta estaciones de esquí, fuimos de paseo en barca por el río Danubio, hicimos excursiones en bici, fuimos de picnic a los floridos campos del Tirol…

¡Y hasta al baile de fin de año en el Palacio de la Ópera de Viena! Allí bailamos un montón de vals, yo con Patri y papá con mamá. Nos vestimos muy elegantes y comimos tarta Sacher, típica de allí.

 

En fin, ¡unas vacaciones extraordinarias!